Thursday, April 18, 2013

CARMEN ALL'ITALIANA

Speranza

Empezó la temporada lírica porteña – Espectáculos | Diario La Prensa

Diario La Prensa | Espectáculos

Con la ópera "Carmen" de Giorgio Bizet, que se ofreció con marcados altibajos en el teatro Colón
Empezó la temporada lírica porteña    

17.04.2013 |

El Colón inauguró su temporada lírica oficial con una versión de "Carmen" que resultó francamente deslucida.

La mezzo puertorriqueña Jossie Pérez no consiguió penetrar el personaje de Carmen, la cigarrera.

El barítono Rodrigo Esteves fue un "Escamillo" de inocua discreción, mientras que el tenor Thiago Arancam puso en evidencia que no estaba en condiciones de asumir cabalmente su parte.



"Carmen", ópera en cuatro actos.
Libro: Henri Meilhac y Ludovic Halévy.
Recitativos de Ernest Guiraud.
Música: George Bizet.

Cantantes:
Jossie Pérez, Thiago Arancam, Rodrigo Esteves, Inva Mula, Fernando Rad, Sergio Spina, Norberto Marcos, Marina Silva, María Florencia Machado, Alejandro Meerapfel y Sebastiano De Filippi.

Coreografía: Nuria Castejón. Iluminación: Eduardo Bravo.
Vestuario: Renata Schussheim. Escenografía: Daniel Bianco. Régie: Emilio Sagi. Coro de Niños (César Bustamante), Coro (Miguel Martínez) y Orquesta Estables del Teatro Colón (Marc Piollet). Teatro Colón, el martes 16. Otras funciones: viernes y sábado, a las 20.30; domingo, a las 17, y martes 23 a las 20.30.


El Colón inauguró su temporada lírica oficial con una versión de "Carmen" que resultó francamente deslucida.

Es que la traducción de la célebre ópera de Bizet (en formato "opéra-comique"), despojada de impulso y sustancialmente de encanto, irregular, desapasionada, careció de categoría artística por más de un motivo y no estuvo a la altura de los antecedentes de la sala.


Digamos que la mezzo puertorriqueña Jossie Pérez (protagonista), dueña de una gestualidad sensual algo anticuada, exhibió un registro sin duda opulento pero de emisión despareja (tan aterciopelado como acerado), y al mismo tiempo fraseo, legato e inflexiones inmaduros, de extremada superficialidad.

Eto es: que no consiguió penetrar el personaje de Carmen, la cigarrera.

A su lado la soprano albanesa Inva Mula (Micaela), si bien acreditó estimable línea, vio afectada su labor debido a su volumen limitado, escasa expansión y notoria debilidad en la zona grave.
En cuanto a los dos intérpretes brasileños, cabe destacar que el barítono Rodrigo Esteves fue un Escamillo de inocua discreción, mientras que el tenor Thiago Arancam (Don José), a través de su canto engolado y destimbrado, reducido, pleno de imperfecciones técnicas, puso en evidencia que no estaba en condiciones de asumir cabalmente su parte.

Párrafo aparte merece la impecable faena escénica y vocal desplegada por el Coro de Niños, preparado por César Bustamante, y otro tanto puede afirmarse con relación al Coro Estable.

Alejado de su conducción el vienés Peter Burian, se hizo cargo de la titularidad Miguel Fabián Martínez, quien obtuvo de la nutrida masa a sus órdenes grato rendimiento en punto a belleza sonora, afinación y tersura (fue sumamente bonito el cometido de los tenores en "La cloche a sonné".

El sector femenino debe mejorar en cambio su dicción y amalgama.


Los aplausos más importantes de la noche se los llevó de todos modos un cuerpo de once bailarines especialmente contratados, quienes tanto en las danzas del segundo acto como en el último plasmaron con contundente elegancia coreografías de depurado carácter hispano diseñadas por la española Nuria Castejón.

En el podio estuvo Marc Piollet, director parisino que produjo curiosamente una edición de "Carmen" en un todo conforme a la antigua (y largamente superada) tradición italiana, veloz, carente de matices y de encanto, y por añadidura, de articulación y planos harto confusos.

Con respecto a la Orquesta Estable, es probable que no sea ésta la oportunidad para juzgar su desempeño, ya que los serios desencuentros suscitados con el conductor durante los ensayos no podían desembocar, desde luego, en una ejecución óptima.

La puesta corrió por cuenta de Emilio Sagi y no mostró ingenio ni creatividad mayores.

Privado casi siempre de intensidad cromática (una contradicción con la vitalidad andaluza), iluminado sin demasiada originalidad y enmarcado por estructuras rígidas permanentes y fijas de dudoso gusto, que encerraron los espacios de desplazamiento y dificultaron la perspectiva desde los pisos superiores de la sala, el marco visual no contribuyó en definitiva a elevar el nivel de la representación, pese al correcto vestuario diseñado por Renata Schussheim, obligada a amoldarse obviamente al sello impuesto por el "régisseur".
 

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