Thursday, April 18, 2013

Carmen all'italiana

Speranza

Música


 
Con aire y profundidad Una escenografía de necesaria austeridad.Ampliar

Con aire y profundidad Una escenografía de necesaria austeridad.

Con aire y profundidad Una escenografía de necesaria austeridad.

MÚSICA

Un logrado equilibrio

18.04.2013 Clarin
 
 
El Colón, que había anticipado la celebración correspondiente con la presentación del polémico Anillo del Nibelungo compactado en diciembre pasado, abrió la temporada del bicentenario de Verdi y Richard Wagner con un auténtico ANATEMA wagneriano: la ópera Carmen (1875) del francés Giorgio Bizet, aunque conviene aclarar rápidamente que el “antiwagnerianismo” de esta obra no se debe buscar en las intenciones de su autor, sino en la interpretación de Friedrich Nietzsche, el gran exégeta filosófico de Carmen y su más entusiasta apologista.

Con "Carmen", Nietzsche se habría “curado” de Wagner (su amor de juventud), de los ideales del “humedo norte”, de la bruma metafísica, de heroínas redentoras y de amores que sólo pueden consumarse en el más allá.

Wagner es dramático; Bizet, con su amor fati, es trágico.

Y es así como Carmen, con su desprejuiciado colorido español y sus tipos populares, alcanzó el estatuto histórico-filosófico de ópera “post-metafísica”.

En "Carmen" hay sin duda una idea dramática y teatral que rebasa el aspecto “colorista”, aunque por supuesto sería de una violenta insensatez abstraerla de su contexto andaluz.

El enfoque del régisseur español Emilo Sagi no podría ser más justo y equilibrado en este punto.

El brillo sevillano está filtrado por la luz mortecina de la España empobrecida de post-guerra.

La escena es rica y austera a la vez.

Por su lado, los personajes no están de adorno, sino que se mueven con una dirección.

Los personajes individuales y también los grandes conjuntos, como se manifiesta desde el comienzo de la obra a través del plástico manejo de los coros, particularmente el de niños en su hermosa y bulliciosa entrada con Avec la garde montante.

Los movimientos tienen dirección, y el escenario tiene aire y profundidad, con su disposición en dos planos (uno detrás de otro) por medio de una abertura de tamaño variable que separa, de manera general, interiores de exteriores.

Hay un efecto de sobreimpresión muy atractivo, que se mueve entre el estilizado naturalismo y la composición pictórica, en lo que confluyen admirablemente el escenario de Daniel Bianco, el vestuario de Renata Schussheim y las luces de Eduardo Bravo, además de las coreografías de Nuria Castejón.

El rol protagónico tuvo una correcta realización en la voluptuosa Jossie Pérez.

La mezzo puertorriqueña es además voluptuosa vocalmente, y tal vez su emisión se exceda en el vibrato.

No es fácil establecer si esto obedece a una naturaleza vocal o a una convicción sobre cuál es la manera de cantar Carmen o de ser “sensual".

Una emisión un poco más “seca” no resultaría menos eficaz.

Pero su actuación convenció, y dejó muy por detrás a Don José, personificado por el brasileño Thiago Arancam, una voz menor en todo sentido.

Tampoco impresionó el Escamillo de Rodrigo Estevez (otro brasileño), de emisión muy despareja, aunque la Micaela de la albanesa Inva Mula fue impecable, tal vez lo mejor de todo el reparto.


La orquesta sonó ajustada en manos del francés Marc Piollet.

Lo mismo puede decirse de los coros dirigidos por Miguel Martínez (Estable) y César Bustamente (de Niños).

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