Speranza
Muy breve es el preludio del segundo acto.
Ello contribuye a que su rapida violencia se apodere de los espectadores sensibles.
A los conocidos temas superpuestos -- el de KLINGSOR, el de KUNDRY, el de la MAGIA -- se anade, destacado esta vez, porque antes se deslizo desapercibido, el del Llamado al Salvador, es decir, el del deseo, del ansia de redencion.
La musica acentua su apasionamiento sombrio, y en medio de la tormenta de violines, el Director, como si ahogara, inmerso en la corriente sonora, bracea, balanceandose.
Pero no se ahoga.
Al contrario, es EL quien conduce la nave fantastica sobre el embravecido mar, el quien gobierna a la tripulacion numerosa, que por momentos pareceria pronta al motin.
Parpadean las lamparitas.
Tiemblan los programas satinados.
El publico frivolo trata, buenamente, de interesarse, de conjurar la HORA DE TEDIO que lo espera.
En escasos minutos caen ciertos parpados, como toldos, y ciertas miradas se vitrifican, se convierten en duros cristales inmoviles.
Casi rozandose, conviven en la atmosfera del gran teatro quienes hallan alli la fuente de la felicidad y quienes encuentran el paramo de su tortura.
Wagner pasa, encima de los unos y de los otros, agitando sus negras y largas alas de vampiro.
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