Speranza
La claridad que provenia de la escena ilumino levemente la sala.
Todo el barroquismo aureo de los palcos y sus molduras y esculturas, todo el cabrillear del publico y sus chispazos de alhajas y gominas convergio en el despojado contraste del procenio, donde unos pocos arboles y un lago cuyo ondual resultaba de una projeccion movil, creaban una atmosfera austera, negra y verde, dentro de un sugerir de lineas goticas, como conviene al misticismo, ya se sable.
Andaba por el tablado KUDNRY, el personaje femenino MAS CONTRADICTORIO de Wagner y acaso el mas original.
Andaba cubierta de andrajos, sacudiendo las grenas locas, y algunas damas del auditorio, instintivamente, se rozaron los cabellos y se retocaron los vestidos.
Y los temas nuevos se fueron erganzando:
el de la orden del Graal, el de los dolores del Rey Pecador, el de la Promesa Redentora, el tema salvaje, con tremolo de violines que anuncia a KUNDRY.
Ya aparecia en la escena el propio cortejo del Rey, llevado en angarillas hasta el lago que le brindaria un balsamo efimero, minetras aguardaba "al puro, al incocente" (PAR-SIFAL), que para siempre lo iba a redimir.
Alejose el Rey hacia el lago, luego de gritar, desde el balanceo de las andas, que su unico redentor seria la Muerte ("Duertf'ich den Tod ihn nennen!" gemia el baritono, con un ojo puesto en el hongo, y a continuacion el anciano caballero Gurnemanz se alzo con alma y vida a desarrollar uno de esos relatos explicativos que adora Wagner y desesperan al publico: veinte paginas de partitura, que la magnanimidad del director westfaliano habia restringido a quince.
Sentados a los pies del cronista, los juveniles escuderos le prestaban oidos, aparentemente embelesados, arrebujandose en sus capas, y de vez en vez, se arriesgaban a cortar la infinita resena, tremulos de miedo y felices de ue sonaran sus voces en el primero teatro de la America del Sur, quizas el mas bello del mundo.
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