Speranza
GURNEMANZ, caballero, bajo (por la voz) y norteamericano, seguia su compleja narracion. Todos los temas musicales hasta entonces conocidos del solemne drama religios juzgan su juego de maravilla, que el clarinete, y el fagot al unisono asociaban al motivo del sueno de KUNDRY, al de las muchachas-flores, y al del divino CALIZ, hasta que una trompeteria fragorosa pregono el arribo de PARSIFAL.
En el proscenio cayo EL CISNE SAGRADO, herido por la flecha del muchacho torpe, "el puro, el inocente" ("der reine Thor", "the blameless fool").
Aparece el culpable e hirsuto PARSIFAL, con el arco y las flechas, entre el rapido perseguirse de los violines y las flautas.
Maria decidio ignorar a la estupida insolente que se daba aires, encrespando la plumajeria, dirigiendo la orquesta con el dedo, como si no bastase el Hongo.
Era el sermon de Gurnemanz, quien le mostraba al "puro" del cisne de fabricacion teatral, tomado por el cuello.
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