Monday, June 13, 2011

Villa Ballester's Schmunck

Darío Schmunck es un tenor argentino nacido en Villa Ballester en 1965, que desde hace cuatro años forma parte de la compañía de la Volksoper de Viena y que ha sido invitado para el título inaugural de la temporada lírica 2004-2005 de La Fenice de Venecia.

Hizo el papel de Alfredo en La Traviata que dirigio Lorin Maazel en noviembre, en alternancia con el tenor Roberto Saccà, una de las principales estrellas de la actual escena lírica.

Renacida una vez más de su tercer incendio de 1996, la reinauguración de la Opera veneciana es sin duda uno de los hechos más esperados de toda la temporada europea.

El debut local de Schumunck tuvo lugar en el Teatro Argentino de La Plata, en 1992, con una ópera de Rossini.

Luego hizo algunos papeles en el Colón, entre ellos un celebrado Jaquino en el Fidelio (Beethoven) de 1997 y, un año antes, un sacerdote en La Flauta Mágica de Mozart.

Esa misma temporada audicionó para el director de la Opera de Essen, que vino al Colón para dirigir Aida, y consiguió trabajo en la Opera alemana para la temporada 1997-1998.

"Fue bastante duro —- admite Schmunck en la entrevista telefónica mantenida con Clarín desde el departamento vienés donde vive con su novia austríaca --." "En Essen canté unas 60 funciones en la temporada, sin contar los ensayos, por menos de lo que ganaba en el Coro del Argentino de La Plata".

Luego cantó también en Munich, Frankfurt, Bonn, hasta que recaló en la Volksoper de Viena.

La situación en Viena es hoy más cómoda que en Essen.

En 2003 hizo unas 25 funciones para cuatro títulos (La viuda alegre, El murciélago, Martha y La traviata), lo que le deja más tiempo libre para moverse por otros teatros europeos.

El exitoso Fausto de 2003 en la Opera de Bergen dio un vuelco en su carrera.

Fue a partir de esa experiencia que Sergio Segalini, director de La Fenice, lo convocó para La traviata:

"A partir de este tipo de cosas uno tal vez pueda acercarse a la posición que hoy tienen José Cura, Darío Volonté o Marcelo Alvarez".

Schmunck cita a los tres tenores argentinos que, junto con el selecto belcantista Raúl Giménez, ocupan un lugar especial en el mundo de la lírica.

¿Qué pasa con los tenores argentinos? ¿Están en alza?

En Europa se sabe que un cantante argentino es alguien que va a llegar con cierto profesionalismo y que va a cantar con cierta garra, y eso acá gusta mucho.

¿Eso tiene que ver con una escuela?

Yo creo que más con nuestro temperamento.

Hoy hay tres países que ofrecen tenores a la ópera: España, México y Argentina.

Italia, el mayor proveedor en la primera mitad del siglo, hoy no cuenta.

Creo que la escuela italiana murió. Hoy los chicos se apuran por escalar y se arruinan. No se toman tiempo.

¿Y cómo fue tu proceso?

Curioso.

Yo estudié con Nino Falzetti.

Cuando debuté en La Plata con La Italiana en Argel fue como tirarme a la pileta.

No tenía idea de cómo iba a responder mi sistema nervioso.

Tenía 27 años.

Había empezado a estudiar cuatro o cinco años antes, inducido por Andrés Risso.

Yo cantaba heavy metal con una banda de Ballester, Rara Avis, y hacíamos sobre todo cosas nuestras.

Fui a ver a Risso para mejorar mi rock, y terminé en el refuerzo del coro del Argentino de La Plata.

¿Tu experiencia con el rock te hizo las cosas más fáciles o más difíciles?

Me ayudó.

De hecho, fue mi conexión con la música.

En mi familia no hay nadie que se dedique al arte.

El rock pesado me dio soltura.

Cuando entré en La Plata nunca había visto una orquesta sinfónica.

¿Podrías nombrar un favorito?

Entre los tenores, Fritz Wunderlich.
Es la paz, un lago quietísimo. Hoy no hay tipos así.
Hay que volver a esas fuentes.

No creo que la técnica del canto haya cambiado tanto en cuarenta años.

Lo que cambió es el tiempo, la dedicación, la actitud en general.

Además del debut inaugural, Schmunck hará un segundo título en Venecia, una exhumación de Donizetti, Pia de Ptolomei, además de Doña Francisquita en el Teatro de la Zarzuela, y La Dolores en el Teatro Real.

Por ahora no tiene nada previsto en la Argentina.

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