Una dorada decadencia en DON CARLO.
La puesta de Eugenio Zanetti para "Don Carlo" es una ambientación de época “intervenida”, o 'trabajada', para usar un término de moda.
Por ejemplo, las columnas de monasterios y castillos están carcomidas en la base, y también parece verse cierta podredumbre o deterioro en la capa que viste Felipe II.
Zanetti no se priva de ciertos recursos del cine.
La representación, como en las películas “históricas” de Disney, comienza con una leyenda sobre la putrefacción del reino.
También por ese medio se nos informa que Felipe está contemplando su pintura favorita, el tríptico "El jardín de las delicias" que se proyecta sobre un transparente en el inicio de la representación.
Hay algo didáctico en la puesta, aunque la “intervención” de Zanetti tampoco se priva de ciertos simbolismos, como la enorme mano que desciende al comienzo y al fin de la obra con un corazón incrustado en la muñeca.
“La guerra del corazón, sólo se calmará en el cielo”, dirá el espectro de Carlos V sobre el final de la obra.
Otras figuras sin embargo permanecen más abstractas o enigmáticas, como el luminoso huevo que aparece como un bello desprendimiento de las fantasías del Bosco.
La puesta, con su mano gigante y su profusión de dorados y suntuosos mobiliarios, lámparas de incienso que se bambolean de lado a lado de la escena, enanos bufonescos y galgos italianos (vivos) figura entre lo más "kitsch" que se haya visto en mucho tiempo en el Colón.
Pero hay que admitir que es un "kitsch" bien manejado.
Hay una logradísima composición escénica y las escenas de masas estás llevadas con maestría.
La parte musical no es menos sólida.
El tenor osé Bros tiene un notable desempeño en el rol protagónico, lo mismo que Alexander Vinogradov en el de Felipe II.
El barítono Fabián Veloz, que acaba de lucirse en La Plata con el más siniestro de los personajes verdianos, el Yago de Otello, vuelve a brillar ahora en la más pura y noble criatura del autor: Rodrigo, el marqués de Posa.
Tamar Iveri compone una portentosa Isabel, pero en cuanto a línea de canto impresiona más la mezzo Béatrice Uria Monzon como la princesa de Eboli.
El bajo Alexei Tanovtski completa la trilogía rusa de esta producción en el rol de Gran Inquisidor.
Ira Levin obtiene un alto rendmiento de la orquesta estable, tanto en los pasajes de conjunto como en los solistas; entre estos últimos debe consignarse el memorable solo de chelo que acompaña el aria de Felipe en el comienzo del acto III.
El coro tuvo una actuación superlativa.
CRITICA: Muy buena
Don Carlo
Autor: Giuseppe Verdi
Director: Ira Levin
Régie: Eugenio Zanetti
Director del Coro: Miguel Martínez
Sala Teatro Colón, domingo 20.
POR QUE SI
Por la belleza musical de la obra (el acto III figura entre lo más grande que compuso Verdi) y la calidad de la realización, más allá del “kitsch”.

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