Speranza
Don Carlo, muy cerca del ideal
Giuseppe Verdi: Don Carlo, ópera en 4 actos
Director musical: Ira Levin
Director de escena, escenografía y vestuario:
Eugenio Zanetti
Escenógrafo: Sebastián Sabas
Iluminación: Eli Sirlin
Orquesta estable del Teatro Colón
Director del coro estable: Miguel Martínez
Cantantes:
José Bros
Alexander Vinogradov
Fabián Veloz
Tamar Iveri
Béatrice
Uria Monzon
Alexander Tanovitski
Nuestra opinión: muy buena.
Anteayer, un
rumor de sorpresa y encanto recorrió la sala repleta del Colón, cuando se
levantó el telón sobre el comienzo de "Don Carlo" y quedó al descubierto un
escenario totalmente cubierto, con una visión realista de la abrumadora
arquitectura palaciega interior, posterior al imperio de Carlos V.
Para su
montaje de la ópera de Verdi, Zanetti, cuya capacidad
creativa está ratificada desde hace años en muy interesantes realizaciones
teatrales y cinematográficas, eligió una escena BIEN figurativa, sobre la que
dominan enormes columnatas de presencia permanente.
Por momentos, esos elementos
aparecen un tanto RECARGADOS pero actúan como una supuesta metáfora barroca
para un ámbito afiebrado y violento como era el de la corte de Fernando
II.
La impresión inicial que deja tan potente imagen escénica es que, a lo
largo de los cuatro actos, la acumulación de materiales visuales puede superar
la tolerancia multi-sensorial de un melodrama, incluso italiano!
Pero, a pesar de este problema, tal
imagen se vio notoriamente enriquecida por movimientos de conjuntos nada
convencionales y una marcación de personajes muy ajustada a sus roles.
Además,
con un vestuario espléndido, de innegable buen gusto y un manejo de la
iluminación de gran profesionalismo.
Este "Don Carlo" podría haber sido lo
mejor logrado de la temporada, sobre todo si se agrega la actuación de la orquesta estable, conducida con auténtica autoridad por Ira
Levin.
La versión de Levin dio siempre con el tono expresivo especial de cada momento,
algunos refinados, otros ásperos y austeros.
Su sentido rítmico siempre colocó a
la orquesta donde debía estar, como sostén del material vocal.
Y como en tantas
ocasiones el coro cumplió una labor digna del más decidido elogio, con alardes
de precisión y trascendente musicalidad.
¿Qué impidió que la nueva versión de
Don Carlo se colocara entre lo más memorable de la temporada?
Este crítico tiene
la convicción de que el elenco de cantantes elegido no es el ideal para esta
ópera.
Es cierto que en los dos últimos actos todo funcionó mucho mejor que en
los primeros, lo que demuestra que no se trata de cantantes de baja, ni siquiera
de mediana calidad.
De ningún modo.
Sólo que Don Carlo necesita de otro tipo de
cantantes, tal como los cantantes que pide Wagner no son los mismos que pide el
bel canto.
Vocalmente, con sus buenos agudos, José Bros, como el
protagonista, NO comunicó el perfil delirante.
Faltaron impiedad, ensañamiento,
inclemencia y celosa ceguera en el canto del Felipe II de Alexander
Vinogradov.
LTmar Iveri tiene una línea de canto muy apreciable y
excelentes medios, pero no fue la sensual Isabel de Valois, como tampoco lo fue Béatrice Uria Monzon.
Y ya se sabe
que el Gran Inquisidor (Alexei Tanovitski) no fue, precisamente, un
hombre bueno y comprensivo.
Habría que exceptuar de este decoroso elenco,
aunque no ubicado acertadamente, al barítono Fabián Veloz (en el rol
de Rodrigo, Marqués de Posa), una vez más muy convincente desde el punto de
vista vocal y con real capacidad expresiva.
Pero la clave de Don Carlo está
en el carácter.
Y eso es lo que faltó a esta versión para lograr el tono de
grandeza, a pesar de la calidad de la puesta y la interpretación orquestal.
Lo
que le faltó fue carácter dramático.
Es esa pequeña cosa que hace salir a la
gente de la sala con un cierto estremecimiento.
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