Wednesday, September 23, 2015

DON CARLO

Speranza


Una dorada decadencia en DON CARLO.

La puesta de Eugenio Zanetti para "Don Carlo" es una ambientación de época “intervenida”, o 'trabajada', para usar un término de moda.

Por ejemplo, las columnas de monasterios y castillos están carcomidas en la base, y también parece verse cierta podredumbre o deterioro en la capa que viste Felipe II.

Zanetti no se priva de ciertos recursos del cine.

La representación, como en las películas “históricas” de Disney, comienza con una leyenda sobre la putrefacción del reino.

También por ese medio se nos informa que Felipe está contemplando su pintura favorita, el tríptico "El jardín de las delicias" que se proyecta sobre un transparente en el inicio de la representación.

Hay algo didáctico en la puesta, aunque la “intervención” de Zanetti tampoco se priva de ciertos simbolismos, como la enorme mano que desciende al comienzo y al fin de la obra con un corazón incrustado en la muñeca.

“La guerra del corazón, sólo se calmará en el cielo”, dirá el espectro de Carlos V sobre el final de la obra.

Otras figuras sin embargo permanecen más abstractas o enigmáticas, como el luminoso huevo que aparece como un bello desprendimiento de las fantasías del Bosco.

La puesta, con su mano gigante y su profusión de dorados y suntuosos mobiliarios, lámparas de incienso que se bambolean de lado a lado de la escena, enanos bufonescos y galgos italianos (vivos) figura entre lo más "kitsch" que se haya visto en mucho tiempo en el Colón.

Pero hay que admitir que es un "kitsch" bien manejado.

Hay una logradísima composición escénica y las escenas de masas estás llevadas con maestría.

La parte musical no es menos sólida.

El tenor osé Bros tiene un notable desempeño en el rol protagónico, lo mismo que Alexander Vinogradov en el de Felipe II.

El barítono Fabián Veloz, que acaba de lucirse en La Plata con el más siniestro de los personajes verdianos, el Yago de Otello, vuelve a brillar ahora en la más pura y noble criatura del autor: Rodrigo, el marqués de Posa.

Tamar Iveri compone una portentosa Isabel, pero en cuanto a línea de canto impresiona más la mezzo  Béatrice Uria Monzon como la princesa de Eboli.

El bajo Alexei Tanovtski completa la trilogía rusa de esta producción en el rol de Gran Inquisidor.

Ira Levin obtiene un alto rendmiento de la orquesta estable, tanto en los pasajes de conjunto como en los solistas; entre estos últimos debe consignarse el memorable solo de chelo que acompaña el aria de Felipe en el comienzo del acto III.

El coro tuvo una actuación superlativa.

CRITICA: Muy buena

Don Carlo

Autor: Giuseppe Verdi
Director: Ira Levin
Régie: Eugenio Zanetti
Director del Coro: Miguel Martínez
Sala Teatro Colón, domingo 20.

POR QUE SI
Por la belleza musical de la obra (el acto III figura entre lo más grande que compuso Verdi) y la calidad de la realización, más allá del “kitsch”.

Teatro Colón's photo.

DON CARLO

Speranza

Don Carlo, muy cerca del ideal


Giuseppe Verdi: Don Carlo, ópera en 4 actos
Director musical: Ira Levin
Director de escena, escenografía y vestuario: Eugenio Zanetti
Escenógrafo: Sebastián Sabas
Iluminación: Eli Sirlin
Orquesta estable del Teatro Colón
Director del coro estable: Miguel Martínez
Cantantes:
José Bros
Alexander Vinogradov
Fabián Veloz
Tamar Iveri
Béatrice Uria Monzon
Alexander Tanovitski

Nuestra opinión: muy buena.

Anteayer, un rumor de sorpresa y encanto recorrió la sala repleta del Colón, cuando se levantó el telón sobre el comienzo de "Don Carlo" y quedó al descubierto un escenario totalmente cubierto, con una visión realista de la abrumadora arquitectura palaciega interior, posterior al imperio de Carlos V.

Para su montaje de la ópera de Verdi, Zanetti, cuya capacidad creativa está ratificada desde hace años en muy interesantes realizaciones teatrales y cinematográficas, eligió una escena BIEN figurativa, sobre la que dominan enormes columnatas de presencia permanente.

Por momentos, esos elementos aparecen un tanto RECARGADOS pero actúan como una supuesta metáfora barroca para un ámbito afiebrado y violento como era el de la corte de Fernando II.

La impresión inicial que deja tan potente imagen escénica es que, a lo largo de los cuatro actos, la acumulación de materiales visuales puede superar la tolerancia multi-sensorial de un melodrama, incluso italiano!

Pero, a pesar de este problema, tal imagen se vio notoriamente enriquecida por movimientos de conjuntos nada convencionales y una marcación de personajes muy ajustada a sus roles.

Además, con un vestuario espléndido, de innegable buen gusto y un manejo de la iluminación de gran profesionalismo.

Este "Don Carlo" podría haber sido lo mejor logrado de la temporada, sobre todo si se agrega la actuación de la orquesta estable, conducida con auténtica autoridad por Ira Levin.

La versión de Levin dio siempre con el tono expresivo especial de cada momento, algunos refinados, otros ásperos y austeros.

Su sentido rítmico siempre colocó a la orquesta donde debía estar, como sostén del material vocal.

Y como en tantas ocasiones el coro cumplió una labor digna del más decidido elogio, con alardes de precisión y trascendente musicalidad.

¿Qué impidió que la nueva versión de Don Carlo se colocara entre lo más memorable de la temporada?

Este crítico tiene la convicción de que el elenco de cantantes elegido no es el ideal para esta ópera.

Es cierto que en los dos últimos actos todo funcionó mucho mejor que en los primeros, lo que demuestra que no se trata de cantantes de baja, ni siquiera de mediana calidad.

De ningún modo.

Sólo que Don Carlo necesita de otro tipo de cantantes, tal como los cantantes que pide Wagner no son los mismos que pide el bel canto.

Vocalmente, con sus buenos agudos, José Bros, como el protagonista, NO comunicó el perfil delirante.

Faltaron impiedad, ensañamiento, inclemencia y celosa ceguera en el canto del Felipe II de Alexander Vinogradov.

LTmar Iveri tiene una línea de canto muy apreciable y excelentes medios, pero no fue la sensual Isabel de Valois, como tampoco lo fue Béatrice Uria Monzon.

Y ya se sabe que el Gran Inquisidor (Alexei Tanovitski) no fue, precisamente, un hombre bueno y comprensivo.

Habría que exceptuar de este decoroso elenco, aunque no ubicado acertadamente, al barítono Fabián Veloz (en el rol de Rodrigo, Marqués de Posa), una vez más muy convincente desde el punto de vista vocal y con real capacidad expresiva.

Pero la clave de Don Carlo está en el carácter.

Y eso es lo que faltó a esta versión para lograr el tono de grandeza, a pesar de la calidad de la puesta y la interpretación orquestal.

Lo que le faltó fue carácter dramático.

Es esa pequeña cosa que hace salir a la gente de la sala con un cierto estremecimiento.